
menciona: “es una conducta poco ética”. Un
tercer estudiante propone una solución, pero
esta es rechazada unilateralmente, y la docente
insiste en que el estudiante debe retirarse,
advirtiendo que, de no hacerlo, será ella quien
abandone el aula.
Estos ejemplos evidencian una problemática
que podría denominarse "modelo inquisitorial",
problemática del Santo Oficio, en las dinámicas
educativas, caracterizada por la falta de
formalismos y transparencia, en nombre de la
ética. Este modelo se manifiesta a través de
decisiones unilaterales (como el rechazo de
propuestas de solución por parte de otros
estudiantes), la ausencia de un diálogo abierto
(donde el estudiante no recibe una explicación
clara sobre las causas de las sanciones), y un
enfoque punitivo que no fomenta la reflexión o
el aprendizaje colaborativo como parte del
proceso formativo. Este enfoque resalta la
necesidad de repensar las relaciones de poder y
comunicación en el aula para promover un
ambiente más inclusivo y equitativo. El
problema estructural es actuar de manera
inquisitiva, pero ahora en nombre de la ética.
En respuesta a la problemática estructural,
la selectividad ética no trata de obligar, castigar,
sino de participar colectivamente en los
conflictos, de diálogo activo, abierto, reflexivo,
de escucha, de comprender no en sí mismo la
acción sino el enfoque de la acción, pero no solo
de la docente, sino del estudiante y del tercero
que interviene, ya que, como comenta la
docente: “necesitan disciplinarse estos jóvenes,
necesitamos normar”, el modelo inquisitivo de
la primacía de normas y reglas por encima de la
persona es transformado a la selectividad ética.
Y la idea de solución de conflictos se transforma
en sanciones para disciplinar, así a diferencia de
la selectividad por conciliación, la selectividad
ética es más susceptible de emparentar con el
modelo inquisitivo, porque ahora el desajuste
no es con las normas de la institución, sino con
la deshonestidad, plagio, uso de IA, faltas de
conducta, en la que buscan castigar el mal, que
ahora no es la brujería o herejía, sino el no
ajustarse al código de ética, que se convierte en
un documento similar al Malleus Malleficarum, el
documento inquisitorial en que la solución es la
sanción. En ese sentido la selectividad ética no
promovería los derechos humanos, reflexionar
sobre la dignidad, respeto de uno y de otros, su
preocupación es similar al Santo Oficio, reducir
infracciones éticas por sanciones sin importar
las personas mismas.
Por lo anterior la intervención socioclínica,
que ayude a calibrar los usos de la selectividad
ética, y la mediación como solución, que esto no
implica sanción, sino formación, pero implica
investigación que estabilice situaciones
indeterminadas en determinadas, participación
de todas las partes involucradas y acompañar la
aceptación y aplicabilidad de soluciones, por
medio de cultura de la reflexión y no del ganar
perder.
El tercer problema, finalmente, la
naturaleza propia de la selectividad ética
tampoco se ciñe a un establecimiento y su
organización en particular, sino a un sistema
cultural en el que la disciplina y castigo siguen
siendo los puntos que se cree se deben alcanzar,
el sometimiento, gobernar a través del miedo,
con marcos inestables en lo que se considera
apropiado o desapropiado, correcto e
incorrecto, es decir, por qué el uso de IA es
incorrecto para el docente, o por qué debe
salirse un estudiante por quedarse dormido,
referente a los casos más arriba descritos.
Luis Alberto Hernández Cerón
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Revista Ciencias y Humanidades- Vol 19, N 2, Julio-Diciembre de 2025
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